martes, 9 de noviembre de 2010

"Nunca te vin chorar" de Miguel Suárez Abel



Frente a la mayor parte de relatos y novelas, muchos lectores podrán percibir en esta obra el elevado coste de la emigración tanto a nivel personal como de grupo, se podría decir que emigrar lejos del hogar y de aquellos a los que amas es hipotecar tu vida en busca de un futuro mejor, pero haciendo imposible la resolución vital que siempre queda pendiente. Es quizá por lo que el personaje de Wilson Valderrama busca desesperadamente el perdón. Ha buscado el perdón entregando parte de si mismo a los necesitados de su país natal o los emigrantes en Alemania. Sin embargo, es al final cuando enfermo y fracasado retorna a sus orígenes, busca el perdón de aquellos a los que amó representados por Gloria Inés.

Demuestra el autor mediante esta obra un tema muy importante, un punto que no es trivial, el emigrante no puede ser idealista. El precio económico y personal es demasiado alto para vivir de quimeras.

Esta obra es ficción pero en cierto modo es posible que la dura realidad no sea muy distinta para muchos emigrantes, es el dilema del sentimiento de perdida de los orígenes.

Carl Sagan decía que "la Tierra es un escenario muy pequeño en el vasto teatro cósmico. Pensemos en los ríos de sangre vertidos por todos esos generales y emperadores para, en gloria y triunfo, poder convertirse en amos momentaneos de una fracción de ese punto." Son palabras que también sirven para la experiencia vital del emigrante, los conflictos, la pobreza, el trabajo crean a los emigrantes.

Wilson parece pedir perdón por haber emigrado y obtener ese perdón sería un paso tan grande como fue para la Humanidad el "pequeño paso" de Neil Armstrong en la Luna. Se podría decir que en esta obra se muestra la hecatombe vital del idealismo del emigrante en pos de una posición social privilegiada. Esta obra pone en tela de juicio la razón de ser de la emigración y con que frecuencia se producen desavenencias y odios ardientes entre los amados cuando la emigración los separa.

Verdaderamente, vale la pena leer esta obra de Miguel Suárez Abel, y sería positivo ver una edición en castellano de la misma, pues seguro llegaría a un público mayor.


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